El Consejo de Paz de Trump: ¿un nuevo orden o el desmantelamiento de la gobernanza global?
La controvertida iniciativa del expresidente Trump de crear un "Consejo de Paz" divide a las naciones, amenaza a las instituciones de la ONU y refleja un giro unilateral estadounidense con profundos impactos.
La ambición unilateral de Trump desafía el multilateralismo de la ONU
Donald Trump formalizó la creación de su tan esperado “Consejo de Paz” en enero de 2026, una medida que, según CNBC, fue respaldada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La iniciativa, presentada como una nueva fuerza para resolver conflictos globales, especialmente el impasse en Gaza, surge en un contexto de creciente escepticismo y divisiones internacionales, cuestionando abiertamente el papel y la relevancia de las Naciones Unidas (ONU).
Los antecedentes del surgimiento de este Consejo no son aleatorios. Desde febrero de 2025, la administración Trump ha impulsado una retirada estratégica y un recorte de financiación de 66 organizaciones internacionales, incluidos 31 organismos de la ONU, según detallan órdenes ejecutivas de la Casa Blanca. Esta postura, justificada por el Departamento de Estado de EE.UU. como respuesta a "organizaciones que se han desviado de su misión, actuando en contra de los intereses de EE.UU. y propagando el antisemitismo", indica una profunda desconfianza en las estructuras multilaterales existentes.
La justificación de la desinversión no se limita a cuestiones de seguridad o alineación geopolítica; profundiza en una crítica ideológica. Documentos del Departamento de Estado explican que muchas de estas organizaciones estarían al servicio de un "proyecto globalista arraigado en la desacreditada fantasía del 'Fin de la Historia'", promoviendo "mandatos DEI (Diversidad, Equidad e Inclusión)", "campañas de equidad de género" y "ortodoxia climática" que apuntan a "restringir la soberanía estadounidense". Esta visión choca directamente con los principios que rigen la diplomacia global desde el período posterior a la Guerra Fría.
"Actualmente, los volúmenes anormales de accesos simultáneos todavía provocan cierta lentitud", afirma el fondo en una nota.
La repercusión internacional del “Consejo de la Paz” ha sido, como se esperaba, mixta. Mientras que algunas naciones consideran la membresía, otras expresan reservas significativas. El New York Times informó sobre la polémica cancelación de la invitación al primer ministro canadiense, Mark Carney. Países europeos como Suecia, Eslovenia y Noruega rechazaron las invitaciones para unirse al nuevo organismo, alegando "reservas a la propuesta", según CNBC. BBC News destacó las preocupaciones de la Secretaria de Asuntos Exteriores del Reino Unido, Yvette Cooper, sobre la inclusión del presidente ruso Vladimir Putin en un foro de paz.
Pero el punto más sensible es otro: el potencial reemplazo o debilitamiento de la ONU. El Ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, dejó clara la posición de París, según informó PBS News: "Sí a la implementación del plan de paz presentado por el presidente de los Estados Unidos, que apoyamos incondicionalmente, pero no a la creación de una organización, tal como se presentó, que reemplazaría a las Naciones Unidas". Reuters corroboró esta preocupación, indicando que los diplomáticos temen que la iniciativa "pueda socavar el trabajo de las Naciones Unidas".
Las consecuencias de este giro unilateral no son meramente diplomáticas; son tangibles en las vidas de millones de personas. La Campaña Un Mundo Mejor, al discutir el impacto de los recortes anteriores, recordó que el retiro estadounidense de fondos de la UNESCO en 2011 y su posterior retiro en 2018 tuvieron como resultado "la interrupción o eliminación de valiosos programas en torno a la alfabetización, la libertad de prensa y la educación sobre el Holocausto". Más recientemente, NPR informó que las decisiones de Washington en 2025 de recortar la asistencia extranjera a través de USAID llevaron al cierre de cientos de programas de salud globales, destacando el efecto dominó de estas medidas en la asistencia humanitaria y el desarrollo.
Por lo tanto, el "Consejo de Paz" de Trump no es solo una nueva estructura, sino un síntoma de una reconfiguración del poder global. Plantea la pregunta fundamental: ¿cuál será el futuro de la gobernanza internacional en un mundo donde la mayor potencia busca activamente desfinanciar y, hasta cierto punto, deslegitimar las instituciones que ayudó a crear? La comunidad internacional está observando de cerca, preguntándose si este es el amanecer de una nueva era de paz o el presagio de una fragmentación aún mayor en el orden global.
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